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Estas son 11 Personas que renunciaron a sus empleos de una forma épica

A mucha gente le ha ocurrido que ha tenido que cambiar de trabajo alguna vez en la vida. Desafortunadamente, estos en ocasiones está relacionado con preguntas y formalidades que no siempre se pueden resolver amigablemente, sobre todo si los jefes se han portado de una forma no amigable.

A continuación hemos seleccionado las mejores historias de las redes sociales sobre personas que pudieron despedirse de una forma brillante y poner a los jefes en su sitio.

• “En nuestro trabajo quisieron negarle el salario a un trabajador. Es extraño y callado, lo habían contratado para la reparación de los motores de dos Porsche Cayenne y un Land Сruiser Prado. Al saber lo de su sueldo, desmontó los tres motores, mezcló las piezas y ya no vino más a trabajar. Ahora tenemos “tres cadáveres” de coches. Nadie los quiere juntar, y lo hacen a propósito, además es muy complicado. Un saludo a todos los jefes y que sigan ahorrando”.

• “Trabajo como camarera en un buen restaurante. Nunca antes había visto a la directora ejecutiva hasta hoy. Ella me ordenó ir a barrer el patio bajo la lluvia. Bueno, barrí, está bien. Entonces, puse la basura de forma muy ordenada en la alfombra persa de su despacho. Ahora estoy contenta y desempleada”.

• “El día de ayer, el jefe estaba regañando de una forma histérica al trabajador más tranquilo de nuestra empresa. Este lo escuchó silenciosamente, tomó un par de tragos de café y también así, silenciosamente, se lo echó a la cabeza del jefe. Se llevó sus cosas y al irse dijo: “Mañana vendré por mis documentos. Me hartaste”. Los empleados de la oficina se sorprendieron y le aplaudieron. Y desde entonces, el jefe empezó a ser amable”.

• “Voy en el autobús. Delante de mí está sentado un hombre, muy cansado e irritado. Lo están llamando por teléfono, contesta y vuelve a preguntar de forma depresiva: “¿Cuándo se tiene que hacer?… ¿Es urgente?… ¿Qué no vale?… ¿Volver a hacerlo?”. Después, su rostro se compuso y él sonrió diciendo: “Sabe, don Ricardo, no voy a hacer su proyecto. Ni urgente, ni mañana, nunca. Estoy harto de usted. ¡Renuncio!” y cuelga el teléfono. Aproximadamente 20 minutos después, bajé en mi parada y, durante todo ese tiempo, el hombre no dejaba de sonreír felizmente”.

• “Fui a mi trabajo, el cual no le “atraía” a la gente normal. Me tranquilizaba que esto solo era por un período de tiempo. Durante el primer mes de trabajo me entregaron mi sueldo a tiempo. A partir del segundo mes comenzaron a retrasar mi pago, diciendo que no tenían dinero. Luego, todo empeoró, diciendo que “mañana”, me pagarían por pequeñas partes, pero no en un solo plazo. En resumen, tenía que irme. Después, me llegó un trabajo beneficioso con un horario flexible. Lo probé y me gustó. Durante dos semanas me dividí entre los dos trabajos y entendí que tenía que terminar lo más pronto posible con el escándalo del trabajo anterior. Llegué al departamento de recursos humanos, unas mujeres estaban tomando té y me dijeron: escribe una carta de renuncia y trabajas otras dos semanas… ¡Ajá! Escribo: “Yo (mi nombre) pido despedirme del puesto tal… a partir de hoy por mi propia voluntad y por un gran deterioro de salud: perdí la memoria por completo y no recuerdo cómo se ve el dinero”. Me despidieron a los 15 minutos sin nada más”.

• “El chico de almacén de nuestra organización se despidió con humor. Parece que había que acabar de escribir un documento, entregar los bienes… Y él simplemente llegó, entregó su carta de renuncia y dijo: “Hasta luego”, le dio una piruleta de caramelo a su jefe y se fue. No insultó a nadie, pero lo que quería decir, lo dijo completamente”.

• “Trabajé en un restaurante y no me pagaron mi sueldo durante 6 meses. La dueña de la cadena de restaurantes despidió al ex administrador de una forma vergonzosa. Este consiguió un trabajo en la televisión y filmó un reportaje sobre la estafa con los sueldos en el restaurante. Lo publicaron en los medios de comunicación y, ese mismo día, la jefa llamó a todos y pidió que nos hicieran llegar nuestro sueldo. La jefa estaba en shock cuando llegó el equipo de filmación y de buena manera les pagó a todos. ¡Y todo fue debido a este chico que no tuvo miedo y se enfrentó uno contra todos! Se lo agradezco mucho”.

• “La semana planeaba despedirme de mi trabajo. Hoy me llamó el jefe y me dijo que necesitaba quedarme aproximadamente unas 4 horas más fuera de mi turno. A la pregunta “¿Cuánto recibiré de sueldo extra?”, él respondió: “Nada, simplemente te vas a quedar”. Yo lo rechacé y me dijo: “Entonces escribe una carta de renuncia por voluntad propia”. ¿Y yo qué? Pero decidí escribirla y entregársela, ya que había encontrado otro trabajo. El jefe se sorprendió, no se lo esperaba, pero quedé satisfecha”.

• “Trabajo en un banco. Escribí una carta de renuncia de mi trabajo. Antes de irme, decidí tirar todos los documentos viejos e innecesarios (las cuentas, los cuestionarios de los clientes, entre otros). Estaba sentando rompiéndolos y tirándolos en la papelera. Mi jefa me preguntó qué estaba haciendo yo le respondí, con una sonrisa, que estaba eliminando mis evidencias. Llegué del almuerzo, todos los empleados de la oficina encabezados por la jefa sacaban de la papelera los pedazos y con pasión trataban de resolver el “rompecabezas”. Ahora no me arrepiento de haber renunciado”.

• “La nueva subdirectora es una mala mujer, quien ha despedido a muchas personas (ya lleva un año trabajando). Pero su pretexto siempre es: “Ya usted tiene edad para jubilarse”, aunque ella tenga 57 años. Es muy interesante lo que hizo un hombre, quien después de enterarse de que fue despedido, ordenó un pastel con la frase: “La abuela se quedó sin nada” y se lo llevó el día de pago a su despacho. Los empleados se rieron durante mucho tiempo y “la abuelita” (así la llamamos ahora) casi explota”.

• “Yo trabajaba como practicante en una tienda. Mi supervisora tenía un carácter difícil . Pero su renuncia es otro nivel. Llegó una directora comercial para supervisarla. Mi supervisora trabajaba sola ese día y no prestó atención inmediata a la llegada de la señora. Aquella, a pesar de la presencia de los clientes, se acerca y se queja: “Hola, ¿que no ves a la jefa? ¿Dónde está tu ‘buenos días’? ¿Qué? ¿Por qué no le dices a nadie sobre las promociones? ¿Por qué hay fila para la caja? ¡Ya, estás despedida!”. Mi supervisora, sin discusiones, le dijo: “¿Despedida? ¡Bueno, ahí te van las llaves, siéntate y trabaja!”. Le entrega las llaves, se cambia inmediatamente y se va a la oficina a escribir su carta de renuncia por voluntad propia. La directora comercial estuvo dos horas atendiendo a los clientes hasta que llamaron a otros dos empleados de otras sucursales para que le ayudaran”.

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